viernes, febrero 08, 2008

Comprender lo que Ítaca significa

Cuando terminé el bachillerato, meses antes de empezar con entusiasmo la universidad, nuestra profesora de lengua griega, concretamente Ático antiguo (y no se trata de un piso en alquiler), nos despidió con un bello poema de Constantino Cavafis. Este es uno de los escritos que me motivan en momentos en los que, como en la canción de U2, estoy "corriendo para quedarme parado". El poema se llama Ítaca, y se refiere a la odisea de Ulises de regreso a su hogar.

Cuando salgas en el viaje, hacia Ítaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan.


Lo que no refleja el poema es que los compañeros de Ulises, que fielmente lucharon con él contra los troyanos, murieron en el camino por el simple orgullo de su capitán. Igualmente, en el mundo moderno el viaje no se realiza en soledad, sino que son muchas personas las que van a los remos para que tú llegues a tu destino. En este mundo poético sólo existe uno mismo. En el mundo real depende de cómo hagas el viaje. En el mundo real todas las personas son Ulises, y cada cual quiere llegar a Ítaca por el mejor camino. ¿Pero es el mejor camino el más rápido, o en el que más riquezas encuentres? Es muy importante elegir la travesía, o las travesías. Hace poco recordé otro poema de Cavafis, La ciudad.

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.


Cada cual construye su propia ciudad aprovechando el tiempo que tiene. Espero seguir de viaje, y que este tiempo de Lestrigones y Cíclopes no dure demasiado.